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La despensa de Jafet

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    Me parece una locura que alguien como Donald Trump use su propia red social privada para mandar mensajes amenazantes y apocalípticos, en lugar de hacerlo por los canales oficiales de la Casa Blanca o el Pentágono. No es solo raro, es peligroso. Un presidente no puede andar tirando amenazas de “destruir civilizaciones” por SMS o redes privadas como si fueran comentarios de Twitter. Eso rompe todas las reglas de sentido común y de seguridad.

    Es como jugar con fuego con armas nucleares. Saltarse los protocolos oficiales no es gracioso ni irrelevante: esas cosas tienen consecuencias reales. La gente cree que los líderes saben lo que hacen, pero si alguien con tanto poder puede mandar mensajes locos y nadie lo frena, estamos todos en riesgo. La política y la seguridad no pueden ser un espectáculo de ego ni un canal de berrinches personales.

    Y lo peor de todo es que esto normaliza la estupidez. La libertad de expresión está bien, pero no justifica amenazar al mundo desde un teléfono o una red privada. Si un expresidente puede hacer esto sin que nadie le diga “basta”, entonces podemos olvidarnos de confiar en que las instituciones nos protegen. Esto no es teatro, es peligro de verdad.

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    Hay algo mágico en ver a quienes aman la fotografía. Caminan entre luces y sombras, buscando capturar la esencia del mundo… y sin darse cuenta, se convierten ellos mismos en protagonistas de mi lente. Amantes de la fotografía, pillados en un instante que solo yo pude robarles.

    Mientras ellos crean historias con cada clic, yo guardo la suya: un momento espontáneo, auténtico y lleno de vida. Así es la magia de la fotografía: a veces somos los que fotografiamos, otras veces los fotografiados, y en ese juego, todos brillamos. 






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    En España, cada vez se oye más hablar de enfermedades que muchos pensaban que ya eran cosa del pasado. Nombres como el sarampión, la tuberculosis o incluso la sarna vuelven a aparecer en conversaciones, noticias y redes sociales. Esto hace que mucha gente se preocupe y busque explicaciones rápidas, a veces señalando a factores externos o cambios recientes en la sociedad. Pero la realidad es que no todo es tan simple como parece.

    Uno de los motivos más claros es que se ha bajado la guardia. Durante años, las vacunas y el sistema sanitario han mantenido estas enfermedades muy controladas, pero cuando parte de la población deja de vacunarse o se relaja con la prevención, los problemas pueden volver. También influye que hoy en día hay mucho más movimiento de personas entre países, algo normal en un mundo globalizado.

    Esto no va de señalar a nadie, sino de entender que la salud pública es cosa de todos. Vacunarse, informarse bien y no dejarse llevar por rumores es clave. Porque al final, más que discutir, lo importante es evitar que enfermedades que ya estaban controladas vuelvan a ser un problema real.

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    Ella, que atraviesa la ciudad con paso firme e inteligente, con cada movimiento exacto y seguro. Ella, que con su mirada observa, comprende y organiza, mientras todo a su alrededor gira y corre. Ella, que mantiene su centro; cuya presencia no impone, sino que enseña. Es exacta sin rigidez, eficiente sin perder humanidad, elegante sin artificio, poderosa sin alardes.

    Ella, con su bolso Louis Vuitton clásico, medias oscuras, zapatos de tacón bajo, abrigo de piel con vuelo —corte casi de los años 50 o 60—, pendientes discretos y su libro vintage contra el mundo. No grita lujo nuevo; grita clase acumulada durante décadas.




    Su presencia, un instante eterno en la calle



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    Imagina un cobertizo viejo, frío y mal ventilado en París. No parece el lugar donde se cambiaría la historia de la ciencia, pero allí Marie Curie y su esposo Pierre removían, hervían y trituraban toneladas de mineral de uranio.

    Después de años de trabajo agotador, lograron aislar unos miligramos de Radium y descubrir también el Polonium. Lo que nadie sabía en aquel momento era que estas sustancias emitían una energía invisible: la Radioactivity.

    Para Marie, sin embargo, aquello era simplemente hermoso. Por la noche, los pequeños tubos con radio emitían una luz azulada. El problema es que esas “luces de hadas” no eran magia. Eran partículas energéticas atravesando todo lo que encontraban a su paso… incluidas las células humanas.

    En aquella época nadie comprendía realmente el peligro. No había guantes especiales, ni protocolos de seguridad. Curie manipulaba materiales radiactivos directamente con las manos y los guardaba en los bolsillos de su bata. Décadas de exposición terminaron dañando su médula ósea y en 1934 murió de Aplastic anemia, una enfermedad causada por la destrucción de las células que producen la sangre.

    Lo más sorprendente es que la historia no terminó con su muerte. Los cuadernos de laboratorio de Curie siguen siendo hoy tan radiactivos que se conservan en cajas de plomo en la Bibliothèque nationale de France. Quien quiera consultarlos debe usar protección y aceptar un protocolo de seguridad. Incluso su tumba, en el Panthéon, está protegida con un ataúd revestido de plomo. No por simbolismo. Por precaución.

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    SOBRE MÍ

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    JAFET BARRETO Padre, esposo, hijo.

    Apasionado por la cocina y la fotografía, autor de 3 libros. Vinculado al mundo jurídico y con experiencia profesional en medios de comunicación. Jefe de Seguridad y Director de Seguridad Privada, habilitado legalmente en España con TIP.

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