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La despensa de Jafet

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    Hay una frase que, lamentablemente, se repite demasiado en España: “La vida sigue, sin más, sin responsabilidades.” Y no es un eslogan pesimista, es la constatación de un patrón que se extiende desde los accidentes más graves hasta las decisiones políticas más cuestionables.

    Lo ocurrido en el accidente ferroviario de hace un mes —47 personas fallecidas en plena recta ferroviaria— es solo el último capítulo de una historia que se repite de manera casi rutinaria: tragedia, indignación, luto… y silencio. Después, nada. Ni culpables, ni dimisiones, ni explicaciones convincentes.

    Durante la pandemia, 7.291 personas mayores murieron en residencias de la Comunidad de Madrid debido a unos protocolos que, en la práctica, impidieron derivaciones médicas que podrían haber salvado vidas. Aquello debería haber marcado un antes y un después en nuestra concepción de la responsabilidad política.

    La dimisión de Mazón tras la DANA llegó un año y pico después, tarde y arrastrada por los hechos, no por convicción moral. Para entonces, él mismo se había permitido compaginar la tragedia con “otras cosas”, como si la gravedad estuviera desconectada de la vida pública.

    En definitiva, el tiempo pasó, las ruedas de prensa se apagaron, llegaron otras noticias… y todo quedó en eso: dolor privado y consecuencias públicas inexistentes. 

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    El refrán español es sabio: “Quien ríe el último, ríe mejor”. Y vaya si se aplicó en Aragón, donde la política ha dado un giro que pocos esperaban… o quizás demasiados.

    Irene Montero soñaba con un ejército de inmigrantes africanos reemplazando a los “fachas españoles”. El resultado: Podemos pierde su única banca en las Cortes de Aragón, mientras Vox pasa a 14 escaños. Sí, han leído bien.

    Mientras tanto, algunos todavía se preguntan cómo es posible que haya quien vote al PSOE. Pedro Sánchez y Pilar Alegría, que cerraban campaña entre risas y gestos triunfales, hoy tienen motivos para reflexionar. Tras la debacle en Aragón —18 escaños, su peor resultado en décadas— las risas han cambiado de bando. El escenario deja claro que en política, como en la vida, quien ríe primero… termina llorando.

    Y no olvidemos a Ione Belarra, mostrando aquel frasquito mientras decía que llevaba toda la semana recogiendo lágrimas de facha. Ironías de la vida: hoy las lágrimas se vierten desde la sede de su propio partido. La moraleja parece sencilla: no toda carcajada garantiza victoria.

    Aragón ha hablado, y ha dejado a Podemos y al PSOE en un ridículo que será recordado. Porque, al final, quien ríe el último, ríe mejor. Y esta vez, la risa tiene dueño claro.

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    Hay decisiones humanas que desafían la lógica, el sentido común y hasta la paciencia del personal sanitario. Pero lo de este joven francés de 24 años —que apareció en urgencias con un obús de la Primera Guerra Mundial insertado en el recto— debe pasar directamente al museo mundial de las mayores burradas jamás cometidas. Hablamos de un artefacto militar centenario que, en su época, servía para hacer trincheras… no exploraciones personales.

    La escena en el hospital fue digna de tragicomedia: médicos interrumpiendo la intervención, bomberos desalojando áreas enteras y artificieros acudiendo por si el “experimento” del joven terminaba con una explosión improvisada.

    Eso sí: si buscaba ser noticia mundial, lo logró. Aunque quizá habría sido más seguro y menos humillante aprender a montar muebles, cocinar algo nuevo o leer un libro.

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    Científicos españoles logran eliminar el cáncer de páncreas en ratones combinando tres fármacos. Porque esto no va de humo ni de titulares vacíos. Va de ciencia real, publicada en PNAS, presentada en la Fundación CRIS Contra el Cáncer, con resultados contundentes: los tumores desaparecieron en distintos modelos de ratón y, tras más de 200 días sin tratamiento, los animales seguían libres de enfermedad.

    Mientras tanto, seguimos escuchando que España “no puede mantener una bombilla encendida todo el día”. Curioso, porque sí puede producir ciencia puntera, incluso con presupuestos ridículos y trabas administrativas constantes.

    ¿Qué pasaría si invirtiéramos de verdad en investigación? Imaginemos dedicar una parte de los millones que cuestan 350 diputados y 17 parlamentos autonómicos a investigación en salud. No a estructuras duplicadas, no a cargos innecesarios, no a discursos vacíos. A ciencia.

    Hoy hablamos de ratones. Mañana, si se apoya, se habla de ensayos clínicos. Pasado mañana, de personas. La ciencia avanza paso a paso. La política, en cambio, suele caminar en círculos.

    Y mientras unos apagan o encienden bombillas según convenga al relato, otros —en silencio— están intentando apagar tumores.

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    Vivimos rodeados de comodidades: coche, ascensor, sofá, pantallas. Nunca fue tan fácil “no moverse”. Y, sin embargo, nunca habíamos hablado tanto de salud. La paradoja es clara: el cuerpo humano está hecho para moverse, no para estar quieto.

    El movimiento es salud: Los romanos ya lo sabían. Una lección desde hace 2.000 años. Un legionario romano podía recorrer 25–30 kilómetros al día, cargando entre 30 y 40 kilos de equipo. No era una hazaña puntual: era rutina. Marchaban durante horas, mantenían un ritmo constante y, al final del día, aún tenían fuerzas para construir un campamento fortificado. No entrenaban por estética. Entrenaban porque el movimiento era supervivencia.

    ¿Y nosotros hoy? Hoy nos sorprendemos si alguien camina: 8.000 pasos al día, es decir, 5 km seguidos, sube escaleras en vez de usar el ascensor. Muchos dolores de espalda, ansiedad, problemas cardiovasculares o fatiga constante no vienen de la edad, sino de la falta de movimiento. El cuerpo se oxida cuando no se usa.

    Movimiento = salud física y mental. Moverse no solo fortalece músculos y corazón: mejora la circulación, regula el estrés, aclara la mente, mejora el sueño, aumenta la autoestima... No hace falta marchar como un legionario romano. Pero sí recordar su filosofía: moverse cada día, aunque no apetezca.

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    JAFET BARRETO Padre, esposo, hijo.

    Apasionado por la cocina y la fotografía, autor de 3 libros. Vinculado al mundo jurídico y con experiencia profesional en medios de comunicación. Jefe de Seguridad y Director de Seguridad Privada, habilitado legalmente en España con TIP.

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