Hay decisiones humanas que desafían la lógica, el sentido común y hasta la paciencia del personal sanitario. Pero lo de este joven francés de 24 años —que apareció en urgencias con un obús de la Primera Guerra Mundial insertado en el recto— debe pasar directamente al museo mundial de las mayores burradas jamás cometidas. Hablamos de un artefacto militar centenario que, en su época, servía para hacer trincheras… no exploraciones personales.
La escena en el hospital fue digna de tragicomedia: médicos interrumpiendo la intervención, bomberos desalojando áreas enteras y artificieros acudiendo por si el “experimento” del joven terminaba con una explosión improvisada.
Eso sí: si buscaba ser noticia mundial, lo logró. Aunque quizá habría sido más seguro y menos humillante aprender a montar muebles, cocinar algo nuevo o leer un libro.




